A veces, como madres y padres, intuimos que algo no va bien, pero no sabemos si es “normal” o si debemos preocuparnos. Es cierto que algunos comportamientos habituales de la adolescencia pueden sorprendernos, pero forman parte de su desarrollo evolutivo. Esto incluye: cambios de humor, necesidad de mayor independencia, cuestionamiento de la autoridad, búsqueda de identidad, cierto distanciamiento de la familia o una mayor influencia del grupo de iguales.
Por eso, es comprensible que surjan dudas sobre cuándo acudir a terapia y cuándo estamos ante comportamientos propios de esta etapa. La clave está en observar la frecuencia, la intensidad y si los cambios no pueden explicarse por factores externos. Cuando estos signos se mantienen en el tiempo o afectan de forma significativa al bienestar del adolescente o del entorno familiar, puede ser el momento de buscar apoyo profesional.
Estos son algunos signos que pueden indicar que tu hijo o hija necesita apoyo psicológico:
· Cambios bruscos de comportamiento o de humor sin explicación aparente.
· Aislamiento social o rechazo repentino hacia personas o actividades que antes disfrutaba.
· Problemas para dormir, alimentarse o concentrarse.
· Quejas físicas frecuentes sin causa médica clara (dolores de cabeza, barriga, etc.).
· Bajo rendimiento escolar o conflictos frecuentes con iguales o adultos.
Si observas uno o varios de estos signos muy intensamente y de forma persistente, te animo a hablar con tu hijo/a desde la calma y la escucha. No hace falta tenerlo todo claro para pedir ayuda: un espacio terapéutico puede ofrecer contención, orientación y acompañamiento tanto para ellos como para ti.